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Momentos atesorados

—Londria nunca tiene tiempo de jugar conmigo —exclamó Silma con los puños apretados y un temblor empezando a asomarse en su voz.

Lo que más le molestaba era que parecía estarle hablando al aire, porque su hermana mayor, efectivamente, estaba muy ocupada y no le estaba prestando mucha atención. 

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